domingo, 7 de agosto de 2011

Ir a la otra orilla

Me ha gustado mucho el comentario al Evangelio de hoy que ha escrito David Amado en la revista Magnificat.

A continuación reproduzco un fragmento del mismo en el cual además de explicarnos el Evangelio se nos muestra un ejemplo real de como debe ser nuestra confianza en el Señor sin importar las consecuencias y a pesar de nuestro temores. Se trata del caso de los monjes trapenses asesinados en Argelia en 1996.

En una escena de la película "De Dioses y Hombres"(basada en estos hechos), puede verse como a pesar del miedo y el temor a perder la vida, también está la alegría de sentirse acompañados por el Señor, en quien se abandonan y depositan toda su confianza.

No dejéis de ver el video. Probablemente sea una de las escenas más impresionantes que se han visto nunca en el cine.

Jesús manda a sus apóstoles que vayan a la otra orilla. Han de ir en la barca, que es signo de la Iglesia, porque nunca el Señor nos va a mandar nada que nos desvincule del resto de su Cuerpo místico. Todas las vocaciones y todos los cometidos apostólicos se dan en comunión con la Iglesia. Sin ella no podemos pretender nada. Los apóstoles tienen que llegar a la otra orilla, mandato que reciben después de haber sido testigos de un milagro importante: la multiplicación de los panes. Para nosotros, ir a la otra orilla puede significar que el Señor siempre nos pide ir más allá en la vida cristiana. La vida con Cristo no permite que nos detengamos, sino que es un continuo avanzar hacia un mayor conocimiento y amor. Los milagros, que señalan momentos cumbres en la experiencia de la cercanía y del poder de Dios, impulsan a asumir compromisos mayores que se fundamentan en la fe. Todo lo grande que hemos visto y vivido conduce a un crecimiento en late que se muestra en la vida. Jesús se retira a orar y es de noche. Subjetivamente los apóstoles podían sentirse solos en una barca que, además, era amenazada por las olas porque avanzaba contra corriente. Pero el Señor estaba orando. También ahora, en nuestros momentos de oscuridad, el Señor sigue intercediendo por nosotros.
(...)


Siempre hay que ir a la otra orilla. Al hacerlo ejercitamos nuestra fe. En la película «De dioses y de hombres», que se inspira en hechos reales sucedidos a finales del siglo XX en Argelia, se nos muestra cómo unos monjes trapenses, que viven en un país musulmán y sienten sus vidas amenazadas por algunos extremistas, han de elegir entre volver a su país o quedarse. No les falta temor, ni la duda sobre si su papel allí es importante o si fueron llamados para ser monjes o mártires. Han de poner continuamente su confianza en el Señor para, en medio de toda esa turbación interior y exterior, acertar en lo que debían hacer. Finalmente son asesinados. La película muestra bien que aquellos hombres, en medio de todo, confiaban en Dios y se abandonaron en el.
(...)


David Amado Fernández


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