lunes, 10 de octubre de 2011

Basílicas de Vizcaya (II)
Basílica de Begoña

La parroquia de la anteiglesia de Begoña era el santuario más visitado de Bizkaia, incluso mucho antes de que su imagen titular, una Andra Mari gótica, fuera declarada patrona del territorio en 1738.

Situada en un entorno rural formado por casas de labranza, frente a un bosquecillo de encinas y a las puertas de la villa, el actual santuario ocupa el mismo emplazamiento que el antiguo en el centro de la anteiglesia.

Se sabe que en el año 1511 se estaba cimentando -según planos del cantero Sancho Martínez de Arego- un edificio grande y de porte noble, de tres largas naves de seis tramos escalonadas entre sí, con un remate ochavado de tres paños en la capilla mayor.

La estructura final descansa en muros de sillería caliza y en dos filas, de cinco pilares cada una, que soportan las bóvedas de las dieciocho "capillas", que forman una elástica red de nervios de variado y complejo diseño.

El edificio pertenece a la familia del gótico tardío -gótico de inercia- de comienzos del siglo XVI, periodo generoso de la arquitectura regional. Sin embargo, no recoge el que quizás sea el elemento más característico de este estilo: la galería abierta en el muro que recorre todo el perímetro de la nave mayor por encima de las capillas bajas. El escaso escarpe entre naves hacía inviable ese vistoso elemento.

Las formas góticas se aprecian en los pilares exentos, así como en los adosados a los muros conformados por columnillas que tienen capiteles vegetales. Se distinguen también en las ventanas -apuntadas y con molduras-, en la idea general del abovedamiento a base de redes de nervios con abundancia de puntos de convergencia, en las claves y en las dos portadas laterales con arcos apuntados con jambas y arquivoltas de molduras.

Los bilbaínos con negocios en el mar siempre tuvieron gran devoción a la Virgen de Begoña, estrella de esperanza que, brillando sobre el horizonte, orientaba las singladuras de sus barcos. De hecho, muchos de ellos, agradecidos, ayudaron a financiar la construcción del templo, tal y como testimonian las marcas de mercader que aparecen talladas en los capiteles y las ventanas de la basílica.
Las aportaciones de otros devotos permitirían acabar primero la portada principal -hermoso ejemplar renacentista en arco de triunfo- y más tarde el coro. Las bóvedas y la sacristía, en lo esencial obra de Juan Ortiz de Olaeta y Martín Ibánez de Zalbidea, concluirían en el siglo XVII, y la torre, diseño de José María Basterra, en 1901.

En el interior de la basílica destacan varios lienzos recientemente restaurados que narran la vida de la Virgen. Se sabe que proceden de Sevilla -algunos copian pinturas de Murillo y que llegaron a Bizkaia a principios del siglo XVIII. En los muros hay dos historias más: un óleo de Ramón Elorriaga que
conmemora la bajada procesional de la Virgen a Bilbao con motivo del cólera morbo de 1855 y un lienzo de José de Echenagusía que representa la Coronación de Begoña. El magnífico retablo barroco que poseía la iglesia desapareció durante la primera Guerra Carlista, siendo sustituido en 1869 por el actual, de estilo isabelino de madera dorada, diseñado por Modesto Echániz. Lo preside una talla gótica (s. XIV) en madera policromada de la Virgen de Begoña.

Además, en el primer tramo de la nave de la izquierda hay un delicado sagrario gótico de piedra con portezuela de hierro, que procede de la iglesia de Nabarniz.


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